SINCERAMENTE
Sinceramente...
Muchos de mis amigos me han dicho que tengo “alma de abuelita”, que soy de esas personas que desde que nacen se comportan como una persona mayor, de esas personas que encuentran placer en escuchar música “vieja” o música clásica, de esas personas que les gusta mirar la lluvia sin hacer nada, solo admirarla mientras cae, de esas personas que saben cómo, cuándo y dónde decir las cosas correctas y reconfortantes, de esas personas que te cuidan como si fueran parte de ellas, de esas personas que piensan más en el pasado que en lo que va a pasar en el futuro, y casi nunca logran ver lo que le presente les está regalando, de esas personas que piensan mucho y dicen poco, de esas personas que les gusta leer pero no por obligación, de esas personas que se pueden quedar viendo al infinito por horas sin moverse, de esas personas que son capaces de decir te amo desde lo profundo de su corazón todo el tiempo, de esas personas que son como yo, abuelitos en cuerpos equivocados. Siento que esta es la única vez que voy a ser sincera conmigo misma, la única vez que me voy a describir de manera real y autentica, la primera vez que describo a Sara tal y como es.
Sinceramente creo que esta caricatura no es lo suficientemente exagerada para mis rasgos, los cachetes deberían ser más grandes y redondos, como los de una ardilla con la boca llena de nueces, los ojos más pequeños y rasgados, que cuando sonrió básicamente no se ven, también mucho más negros, como cuando no puedes distinguir si tienes los ojos cerrados o simplemente la luna ya no está alumbrando, por último, mi boca debería ser muchísimo más pequeña, como el pico de un canario bebe. Siempre me ha encantado el frio, pero no de ese que te cala los huesos en invierno, me gusta la brisa fría en un día caluroso, me gusta lo frio que se pone un vaso con hielo en él, me gusta caminar descalza por mármol frio y me gusta masticar hielo solo por sentir como se me destiemplan los dientes. Me gusta subir a miradores para ver cuan pequeñas se pueden volver las personas desde esa altura. Me gusta ir a la playa, aunque la aguasal y la arena me haga arder la cara por lo sensible de mi piel. Me gusta sentir la arena quemarme la planta de los pies y como se me pega a las piernas después de salir del agua, me recuerda a los castillos de arena que hacía con mi hermano. Me gusta ver películas de terror, aunque me provoquen pavor los fantasmas y demás. Me gusta comer pasta, pero no cuando está muy blandita, siento que estoy comiendo gusanos. Me gusta comer papas a la francesa, pero solo si no están tostadas. No me gustas los bordes de los sándwiches, así que se los quito, tampoco me gusta cuando un sándwich está muy tostado, siento que estoy comiendo pan duro con arena. Sinceramente nunca creí poder hablar así de mí, poder hablar tan claramente de lo que soy.

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